
Durante las últimas semanas hemos venido asistiendo atónitos a un nuevo episodio de la política turca, acostumbrada cada cierto tiempo para desgracia de los propios turcos a acontecimientos que a ojos de la Europa Occidental son difíciles de entender, o siquiera de imaginar. Después de que las elecciones de julio de 2007 parecían haber dado una legitimidad y una fuerza al gobierno del AKP que le daba vía libre para seguir adelante con las reformas, el señor fiscal jefe de la Corte Suprema de Apelaciones de Turquía, Abdurrahman Yalçınkaya, presentaba el pasado 14 de marzo una demanda de cierre ante el Tribunal Supremo contra nada menos que el partido en el gobierno; un partido que ganó en las últimas elecciones generales con el 47% de los votos. Ahí es nada. Confieso que yo mismo tardé varios días en tomarme en serio la acción del fiscal y darle credibilidad a lo que estaba sucediendo.
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Estoy de acuerdo en que el Primer Ministro, Recep Tayyip Erdoğan, tiene sus defectos, y que quizás debería haberse mostrado más dispuesto a hablar con el CHP, aun sabiendo que el acuerdo o si quiera el diálogo era especialmente difícil. Estoy de acuerdo en que algunas de las reformas que Turquía necesita -exigidas además por la propia UE para su adhesión al bloque- deberían y deben llevarse a cabo buscando un mayor consenso que quizás el primer ministro turco no ha sabido o querido buscar.
Puedo estar de acuerdo en muchas críticas acerca del señor Erdoğan o del AKP, sobre su forma de actuar, su política, sus ideas... Pero no puedo estar de acuerdo, nunca, como demócrata convencido, en clausurar partidos políticos en una democracia normal y verdadera.
Esta es la verdadera cuestión sobre este tema, y por desgracia, ni desde el principal partido de la oposición con su líder a la cabeza ni desde muchos periódicos afines al más intransigente laicismo se han pronunciado hasta ahora palabras cuestionando esta iniciativa del fiscal jefe Yalçınkaya que atenta contra el sentido común y contra la democracia, y que nos retrotrae a una época de prohibiciones e ilegalizaciones de partidos que parecía ya olvidada en Turquía. Tampoco ha habido palabras para nombrar y señalar claramente a los autores de esta absurda iniciativa.


Me pregunto si el CHP parece haberse olvidado de que su partido no llegó al 20% de los votos en julio de 2007, pero me pregunto sobre todo si es consciente de que la gente no votó masivamente al AKP a causa de lo bien o lo mal que lo estuvo haciendo el gobierno de Erdoğan durante la anterior legislatura... sino de lo realmente mal que lo hace el principal partido de la oposición. Gente de toda condición e ideología votó -y votarán aún más, visto lo visto- al AKP sencillamente porque la alternativa es más de lo mismo, y el pueblo turco quiere cambios y pide cambios, desde hace mucho tiempo. Y con su actitud de bloquear cada ley, cada reforma que el Parlamento turco aprueba, el principal partido de la oposición no hace más que demostrar lo poco que realmente cree en la democracia en Turquía.
Me pregunto, realmente, si el CHP, o el fiscal jefe Yalçinkaya, o muchas otras personas en Turquía que dicen estar "defendiendo" a Turquía y al "laicismo" -entendido a su manera, claro- son conscientes de la terrible imagen que están enviando sobre este maravilloso país a Europa y al mundo. Si son conscientes del enorme daño que están haciendo a la democracia turca, la economía, la política... ¿Es esto... "patriótico"? ¿Es esto defender el legado de Atatürk, es esto lo que él quería para Turquía? ¿A quién defiende realmente esta gente?
En este contexto, resulta por tanto realmente hipócrita por parte del CHP o de algunos medios en Turquía que continuamente se hable de lo que los turcos quieren, que se especule continuamente con "la gente dice", "muchos aseguran"... que se dé carácter de verdad al rumor y valor de mayoría a la opinión, sin ofrecer hechos o datos que lo avalen... Porque son las elecciones las que dicen en una democracia quién quiere la gente que la represente, y las últimas elecciones dijeron muy claramente quién representa a la mayoría de los turcos, y quién representa a una minoría. Y el principal problema ahora en Turquía es que ciertas personas simplemente no pueden aceptar que una mayoría de turcos quieren que las cosas cambien, y que cambién también esas personas. Y mientras estas personas no acepten esto, no acepten lo que es y lo que implica la democracia, veremos más tensiones en Turquía. No es un problema de laicismo contra islamismo. No es una cuestión de diálogo contra imposición. No es una cuestión de mayoría contra minoría. Es simplemente una cuestión de PODER, y de muchas personas que no están dispuestas a dejarlo. Por ello resulta incluso trágico ver cómo los ataques desde cierta prensa turca van contra el primer ministro o el AKP en lugar de señalar a los verdaderos "instigadores" de estas acciones. Sería algo casi irónico, de chiste, si no estuvieran jugando así con el futuro de Turquía y del pueblo turco.
Me pregunto, realmente, si el CHP, o el fiscal jefe Yalçinkaya, o muchas otras personas en Turquía que dicen estar "defendiendo" a Turquía y al "laicismo" -entendido a su manera, claro- son conscientes de la terrible imagen que están enviando sobre este maravilloso país a Europa y al mundo. Si son conscientes del enorme daño que están haciendo a la democracia turca, la economía, la política... ¿Es esto... "patriótico"? ¿Es esto defender el legado de Atatürk, es esto lo que él quería para Turquía? ¿A quién defiende realmente esta gente?

Así que... ¿creemos de verdad en la democracia?
¿Amamos de verdad a Turquía?
¿Confiamos de verdad en el pueblo turco?
Estas, y no otras, son las verdaderas cuestiones que debieran plantearse ahora en Turquía. Y si la respuesta es sincera y afirmativa, no existe justificación lógica, jurídica ni ética para lo que está diciendo y haciendo el principal partido de la oposición, muchos periodistas, y la clase judicial en Turquía... Podemos estar en desacuerdo con el primer ministro acerca de muchas cuestiones, y estoy seguro de que el señor Erdoğan es "culpable" de muchos defectos... Pero no de no respetar la democracia y no hablar claramente. No ha dejado de hablar durante todos estos años de defender el estado "laico, social y democrático" en Turquía. Y si es en las palabras y en los hechos en lo que hemos de fijarnos, la única y verdadera amenaza en este momento para Turquía y para su democracia no está precisamente en el AKP...
Estas, y no otras, son las verdaderas cuestiones que debieran plantearse ahora en Turquía. Y si la respuesta es sincera y afirmativa, no existe justificación lógica, jurídica ni ética para lo que está diciendo y haciendo el principal partido de la oposición, muchos periodistas, y la clase judicial en Turquía... Podemos estar en desacuerdo con el primer ministro acerca de muchas cuestiones, y estoy seguro de que el señor Erdoğan es "culpable" de muchos defectos... Pero no de no respetar la democracia y no hablar claramente. No ha dejado de hablar durante todos estos años de defender el estado "laico, social y democrático" en Turquía. Y si es en las palabras y en los hechos en lo que hemos de fijarnos, la única y verdadera amenaza en este momento para Turquía y para su democracia no está precisamente en el AKP...


Pablo
2 comentarios:
Hola, Pablo. Soy Ildefonso González. Te escribo desde Madrid. Me ha encantado tu post. Estoy totalmente de acuerdo contigo. Lo que está en juego es una cuestión de PODER. Un abrazo y sigue así. Tienes un blog muy bueno.
Pues que lo diga alguien que hasta hace bien poco ha sido corresponsal en Estambul, es todo un elogio... Muchas gracias por tus palabras, de verdad.
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