
Si leemos estas líneas con una mente abierta, quizás podamos aprender incluso que al igual que ocurre con el cristianismo (o con la inmensa mayoría de las religiones) es mucho más lo que nos une que lo que nos separa, a pesar de que con demasiada frecuencia los medios de comunicación y sobre todo muchos políticos transmitan una visión monolítica y negativa de esta fé, que mueve a mil cuatrocientos millones de personas en el mundo.
Algo que conviene dejar claro desde el principio es que, para la inmensa mayoría de los musulmanes, las acciones de los terroristas que se inmolan en el nombre de Allah o bajo las órdedes de personajes como Bin Laden son propias de locos y totalmente reprochables según el propio Islam, que en el fondo es una religión de paz; no sólo eso, sino que al igual que ocurre con el cristianismo, en el Islam existen multitud de corrientes, ramas y sectas muy diversas, que en su mayoría se desconocen. Por eso, cuando con frecuencia se engloba a los musulmanes en un "todo" único, reduccionista y simplificador (del que se abusa peligrosamente), estamos transmitiendo una imagen no sólo distorsionada sino sobre todo injusta de lo que son las creencias de una inmensa mayoría de musulmanes, que por suerte no creen que el medio para llegar al Paraíso sea llevarse a cuantas personas se pongan por delante... De ser así, yo no estaría escribiendo estas líneas, porque el mundo ya habría saltado por los aires.
No se trata -ni mucho menos- de que nos convirtamos en musulmanes, sino de comprender de una vez que todos (cristianos, musulmanes, judíos, hindúes, budistas, sintoistas...) merecemos el mismo respeto que pedimos para nosotros mismos, sean cuales sean nuestras creencias; que todos podemos convivir, y que haciendo caso a tantos tópicos, prejuicios e informaciones apresuradas que circulan hoy en día no hacemos más que seguir el juego de los que buscan sólamente el enfrentamiento... y la justificación de atrocidades injustificables.

Los musulmanes consideran que Allah es el mismo Dios venerado por el cristianismo y el judaísmo, es decir, el Dios de Abraham. Entre los musulmanes existe la creencia de que Dios posee 100 nombres, de los cuales sólo conocemos 99, de forma que la persona que descubriese ese último nombre sería dotado de la sabiduría eterna. No existen imágenes de Dios en el Islam, tanto por considerarse esto como idolatría (que el Islam rechaza) como por considerarse que Dios no tiene forma corporal, por lo que es imposible representar su imagen. En su lugar, los musulmanes describen a Dios por los divinos atributos establecidos en el Corán. Todas las suras o "capítulos" del Corán (excepto una, la novena), comienzan con la frase "En el nombre de Dios, el Clemente, el Misericordioso".
La fe de todo musulmán se sustenta sobre cinco pilares fundamentales, que son: la profesión de fe, la oración, la limosna, el ayuno y la peregrinación a La Meca. La profesión de fe, o "shahada", constituye el principal fundamento y se resume en la frase "doy fe de que no hay más divinidad que Dios, y Mahoma es el mensajero de Dios", fórmula ritual que se pronuncia siempre en árabe mediante la cual el musulmán proclama la unidad y la unicidad divinas; mediante la "unidad" marca su distanciamiento respecto al politeismo (predominante en la Arabia preislámica) pero también frente a otras religiones como el cristianismo (que muchos musulmanes consideran politeista por su adoración a los santos), mientras que la "unicidad" establece también una diferenciación clara con respecto al concepto cristiano de la "Trinidad". La shahada acompaña al musulmán durante toda su existencia: se susurra al oido de los recién nacidos y se ayuda al moribundo a pronunciarla; la creencia sincera en la shahada, pronunciada ante testigos tras una ablución, constituye todo el ritual necesario para convertirse al Islam.

Se estima que hay en la actualidad mil cuatrocientos millones de musulmanes, lo que convierte al Islam en la segunda religión del mundo. Sin embargo, en contra de la creencia generalizada tan sólo el 20% de los musulmanes son árabes, siendo Indonesia el país con mayor población musulmana del mundo.
Aunque todo musulmán lo considera como principal fuente del Islam, el Corán, como todo libro religioso (como ocurre con el Antiguo y Nuevo Testamento, por ejemplo), está sujeto a múltiples interpretaciones. Este hecho es aún mayor en el caso del Islam, ya que el Corán está escrito en árabe, cuya traducción "literal" resulta casi imposible por las muchas acepciones que tiene esta lengua. De hecho, a lo largo de la Historia muchas escuelas musulmanas prohibieron la traducción del Corán. De esta diversidad de interpretaciones sobre el propio Corán o sobre diversos acontecimientos ocurridos a lo largo de la Historia han surgido las diferentes escuelas o ramas del Islam, que se divide principalmente en sunnismo (el 90% de los musulmanes) y chiísmo (mayoritarios sólo en Irán, Irak y Líbano). El wahabismo es una rama minoritaria pero más reciente, que apareció en Arabia en el siglo XVIII para oponerse a la creciente influencia del sufismo, y que ofrece una interpretación muy extremista e intolerante del Islam (establece, por ejemplo, la aplicación estricta y literal de la sharia o "ley islámica"); es dominante en Arabia Saudita, y constituye la base ideológica de organizaciones terroristas como Al-Qaeda.

Esta variedad de interpretaciones la encontramos por ejemplo al hablar del Jihad, término árabe traducido frecuentemente como "Guerra Santa" pero que en realidad significa "esfuerzo" (en el camino de Dios). En el occidente cristiano el jihad se ha dado a conocer sobre todo a través de su interpretación belicosa y agresiva: el propio Corán contiene referencias tanto al respeto a otras religiones como a la necesidad de combatir a los no creyentes, si bien cristianos y judíos (las "gentes del libro") fueron en general tolerados y protegidos en las tierras conquistadas por los musulmanes, y son raros los casos de conversiones forzosas en el Islam.
Muchos musulmanes, por contra, hacen incapié en el significado espiritual y de lucha no violenta del término jihad (por ejemplo mediante la predicación). Así, se puede oir hablar de un "pequeño jihad" (identificado con el habitual significado de "Guerra Santa") y de un "Gran Jihad", que hace referencia a la lucha espiritual contra uno mismo para lograr seguir la senda de Dios: según esta interpretación, el jihad se refiere al esfuerzo para vivir una vida moral y virtuosa, defendiendo y predicando el Islam y luchando contra la injusticia y la opresión. Los eruditos musulmanes han condenado numerosas veces a lo largo de la Historia las guerras como un mal enraizado en la esencia humana, y han elaborado extensos códigos que prohiben la muerte de mujeres, niños y no combatientes, o el daño de sus viviendas. No obstante, es preciso entender que el Islam, al contrario por ejemplo que el cristianismo, no predica la pasividad sino la lucha individual y colectiva como vía para lograr los valores a los que aspira; aun así, la mayoría de los teólogos modernos del Islam subrayan que el jihad, en su interpretación "belicosa", es esencialmente una acción defensiva para proteger al Islam y a los musulmanes, para luchar contra la persecución y la opresión. Por todo ello, el jihad es considerado por muchos como el sexto pilar del Islam.

Interpretaciones modernas del Corán establecen como erróneo que de sus textos pueda extraerse la obligatoriedad del uso del velo para las mujeres, y lo atribuyen principalmente a una serie de códigos de vestimenta tradicionales que en aquellos tiempos eran comunes a otras religiones, como el cristianismo, el judaismo o el hinduismo, por ejemplo. Muchas autoras musulmanas actuales hacen notar que de estos mismos textos puede interpretarse, más bien, que las mujeres tenían en aquella época un papel de interpretación de los textos sagrados similar al de los hombres. De hecho, el atuendo femenino en general, así como la cuestión de cubrir la cabeza o la cara en particular, es muy variable en las distintas sociedades de religión musulmana, y hay diferencias relacionadas también con el ámbito rural o urbano, o la clase social. De la misma manera, la recuperación hoy en día del uso del pañuelo ( el "nuevo hiyab") por parte de las mujeres musulmanas de muchos países (incluyendo Turquía) no debería verse como un retorno a las tradiciones o como una imposición a la mujer, sino como una forma de reivindicación cultural frente a Occidente (esto se hace muy patente entre las poblaciones musulmanas emigradas a Europa Occidental, por ejemplo), de expresión religiosa personal, o simplemente como una forma de vestir que vuelve a estar de moda.

Un objetivo, una esperanza, que está en el origen de estas líneas que por ahora aquí terminan... y de este mismo blog.
Pablo
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